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Y allá van de nuevo...

viernes, febrero 20, 2009

TV

En Campos de Londres, cuando al gran Keith Talent le preguntan por sus aficiones en un formulario, escribe tras reflexionar, "la televisión". La forma de ver la tele de Keith Talent consistía en grabar continuamente y posteriormente pasar con ese botón que en los 80 llamábamos fasforuar hasta ver escenas de sexo o violencia. Cuando terminaban, volvía al fasforuar.

A mí me pasa algo parecido. Veo la tele de forma temática. Hace un año y pico mi relación con la caja tonta se limitaba (además del fúrgol, obviamente) a los documentales de catástrofes aéreas. Supongo que la programación de los canales temáticos se comercializa como los tomates o la ferralla; más compras, más descuento tienes. Y supongo que por eso durante la primera mitad de 2007, más o menos, los canales de docus de Digital + insistiesen en las diferentes variantes de las catástrofes aéreas. Segundos Catastróficos, Mayday y algún otro. Dejé los docus de catátrofes aéreas la primera vez que vi dos versiones sobre una catástrofe; no podía con la responsabilidad de tomar partido.

Ahora las echo de menos. Las catástrofes aéreas meten en media hora una peli de catástrofe de los años 70, tipo El Coloso en Llamas, de esas que duran como tres horas. Y no falta de nada, aunque todo va a toda hostia. En la intro se plantea un desplazamiento teóricamente cómodo, el capitán bromea con el comandante, que a su vez tontea con la azafata, una familia va de vacaciones, alguien pierde el billete en el último momento y un niño, un oscuro funcionario o un simple espontáneo descubre que algo va mal pero no le hacen caso y se emperran en despegar. Eso, en cosa de siete minutos.

Luego vienen los primeros problemas, que suelen ser poco importantes per se a no ser que haya una confabulación de problemas técnicos y errores humanos estadísticamente imposible. Es la parte de 'no habría pasado nada si', es decir, el verdadero nudo de la historia, y donde los responsables del docu muestran toda su creatividad. El problema A se solucionaría sin problemas si un técnico B hubiese detectado que el elemento C no funcionaba y, así, no se podía tomar la solución D, mientras el piloto, normalmente por prisas, no había verificado el fusible Z. Y así un buen rato. Luego viene la entrevista al superviviente o familiar, después las tristes consecuencias humanas y para acabar el rollito de cómo la industria de turno cambió todos sus protocolos a raíz de ese accidente.

Hay una variante, la variante "señor con gorra y chupa de aviador". El señor con gorra y chupa de aviador es, sí, lo han adivinado, un investigador independiente, un Walker Texas Ranger de la aviación. Es un pollo que se dedica a analizar en su tiempo libre los remaches de los tornillos que cubren la trampilla por donde el avión expulsa la caca de los pasajeros, o algo así, y que se lee manuales e informes de investigación como Cortocircuito. En estos casos, el tío de la chupa se convierte en hilo conductor del docu, sustituyendo al piloto o a la familia con niño. En total unos 40 minutos, con el añadido de que, para poder meter varias cuñas publicitarias, cada 5 o 7 minutos el docu hace una especie de resumen para no perderse re-resume el propio episodio. Es el producto televisivo perfecto: drama, intriga, moraleja y erudicción (no saben cómo se aprende) enlatados en unos 25 minutos de televisión real.

Mi docu favorito fue uno de un ferry que se incendió en Suecia. Los realizadores bordaron el 'si no fuera por'. Lo digo de memoria, pero me suena que dos ferrys del mismo modelo ya se habían incendiado, había un pirómano a bordo, la pintura de los pasillos era como gasolina, la alarma no se oía, los mapas de las salidas de emergencia estaban equivocados, no había botes salvavidas suficientes y la tripulación eran todos portugueses y no podían hablar con el pasaje.

Ahora, el Discovery Channel ese va a estrenar, "Destruido en Segundos". Copiopego: "Seremos testigos de las explosiones, las implosiones y la increíble devastación causada por tornados, huracanes, colisiones de trenes, rascacielos en ruinas y mucho más. Discovery se convertirá en un escaparate del poder hipnótico de fuerzas salvajes que nos dejarán atónitos."

No hay más que decir.

Después me pasé al docu estándar. Pero esto no tiene demasiada gracia. Serengueti, nómadas de uzbekistán, chabolas en Kuala Lumpur, osos, Segunda Guerra Mundial a cascoporro o arrecifes de coral. Nada nuevo. Lo curioso fue lo que vino después: Canal Cocina. Mucho ojo con el Canal Cocina. No es lo que parece. Las recetas suelen ser lo de menos. Lo mejor es el contexto. Hay un programa de cocina escandinava que montan muebles de Ikea en medio del monte. Otro de comida dietética donde la tensión sexual entre el cocinero y la nutricionista hace pochar la cebolla fuera del fogón. Hay una especie de Operación Triunfo de chef estadounidenses guapísima. Hay una señora que tiene la cocina decorada con cuadros de caballitos de mar y sepulta la lubina bajo montañas de flores. Otra que hace ensaladas más pesadas que una olla podrida. Hay imitadores de Ferrán Adriá que deberían ser ajusticiados. En el canal cocina está la gente con más morro que he visto jamás en televisión (que ya es decir), como una argentina que hace pizzas en plan industrial con un solo ingrediente o una especie de Pau Donés garrafón que dice hacer cocina afrodisiaca (y lo único que hace son chistes verdes de niño de 12 años). Y una que cocina para cuatro por 20 euros con maravillas como un pollo relleno de... pechuga de pollo. Lo que viene siendo un metapollo, vamos.

Ahora, no obstante, me he vuelto vulgar. Con dos años o tres de retraso, me he enganchado a House. He desoído, de momento, a quienes me aconseja The Wire. Se lo agradezco, seguro que me encantaría. Me ha gustado A Dos Metros Bajo Tierra. Y El Ala Oeste. Y estoy seguro de que Los Soprano es como lo pintan, la narrativa del siglo XXI. No lo dudo. Pero House cumple mis expectativas en televisión. No exige mantenimiento, la estructura predecible de los capítulos tipo El Equipo A ayuda a la comprensión audiovisual y todos los días te deja tres o cuatro frases míticas, como una sobre la primera cita: "No me gusta. Si es, como parece, conversación intrascendente, me aburro, y si no es que habla en clave y necesito un decodificador". Y, bueno, en House los personajes están perfilados sin abusar y se aprenden cosas inútiles. ¿Quién quiere más?

Etiquetas:

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Qué le ha pasado a Lady Cool?

21 febrero, 2009 11:35  
Anonymous Andreu Castellano said...

Yo estaba enganchado a Supermáquinas, que creo se llama ahora Superestructuras.

me encantaba cuando la voz en off era interrupida por las declas de los ingenieros de turno que, casco en ristre, que me embriagaban con toneladas métricas de hormigón

23 febrero, 2009 12:58  
Blogger beguemot said...

"Y una que cocina para cuatro por 20 euros con maravillas como un pollo relleno de... pechuga de pollo. Lo que viene siendo un metapollo, vamos".

Brillante.

Yo, con retraso, me estoy enganchando al Ala Oeste por influencia de la jefa, que se la sabe de memoria. Como Dos metros bajo tierra tiene esa estructura estable que ayuda. Algo muy parecido pasa con los Soprano, lo que ocurre es que la estructura recurrente es a nivel de temporada.

23 febrero, 2009 14:34  
Blogger Juanjo Rodriguez said...

Eres la primera persona a la que oigo hablar de Campos de Londres. Qué mítico Keith Talent! La vida es como los dardos...

25 febrero, 2009 01:13  

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